El proceso interno del CCE, que cerró el 11 de noviembre, se definió con una rapidez inusual. El Consejo Mexicano de Negocios, la Coparmex y otros organismos clave del sector terminaron alineándose en torno a Medina Mora, mientras aspirantes con trayectoria —como Juan Cortina Gallardo, Sofía Belmar o Julio Carranza— declinaron para fortalecer la candidatura de unidad.
Por Ángel Nakamura
La elección por unidad de José Medina Mora Icaza como próximo presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) marca un punto de inflexión para la cúpula del sector privado mexicano.
No solo representa el consenso interno de las organizaciones empresariales más influyentes del país, sino también el arranque de un nuevo tono en la interlocución con el Estado en un momento de transformaciones regulatorias, negociaciones comerciales y redefiniciones del modelo económico nacional.
Medina Mora —expresidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y empresario con una trayectoria que combina tecnología, academia y liderazgo gremial— será la voz del sector privado en su relación con todas las fuerzas políticas, particularmente con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Su elección será ratificada de manera formal en la Asamblea General Ordinaria del CCE en diciembre, pero el mensaje político ya quedó claro: la cúpula empresarial cerró filas en torno a un perfil técnico, independiente y con capacidad de diálogo firme.
Un candidato de unidad respaldado por el sector privado
El proceso interno del CCE, que cerró el 11 de noviembre, se definió con una rapidez inusual. El Consejo Mexicano de Negocios, la Coparmex y otros organismos clave del sector terminaron alineándose en torno a Medina Mora, mientras aspirantes con trayectoria —como Juan Cortina Gallardo, Sofía Belmar o Julio Carranza— declinaron para fortalecer la candidatura de unidad.
Para el CCE, la unidad no es solo una señal interna: es un activo político en un sexenio donde la relación con el gobierno federal será determinante para destrabar inversiones, revisar marcos regulatorios y enfrentar un entorno internacional complejo.
Un liderazgo que anticipa un cambio de tono
Durante los últimos dos periodos —Carlos Salazar y Francisco Cervantes— el CCE privilegió una relación de baja confrontación con el gobierno federal. La apuesta fue el diálogo continuo, incluso en reformas altamente polémicas. Esa estrategia bajó tensiones, pero también generó la percepción de un CCE más reactivo que propositivo.
El arribo de Medina Mora sugiere un reequilibrio: firmeza técnica sin estridencia, crítica sustentada sin ruptura y una participación más activa en la construcción —y revisión— de políticas públicas.
Su paso por Coparmex es un antecedente clave: ahí impulsó un modelo de diálogo crítico que defendió la autonomía institucional, la seguridad jurídica y la calidad del gasto público. Es un estilo que combina evidencia, debate y claridad en las posturas, sin renunciar a los puentes con el gobierno.
El reto inmediato: la revisión del T-MEC
Medina Mora asumirá la presidencia del CCE a meses de iniciar la revisión del T-MEC en 2026, un proceso crucial para la competitividad nacional. Como líder del sector privado, deberá coordinar el llamado Cuarto de Junto, el espacio donde empresarios y gobierno construyen la postura mexicana frente a Estados Unidos y Canadá.
El futuro presidente del CCE ya trazó una prioridad: cerrar filas como país, mantener el acuerdo comercial y buscar condiciones más favorables frente a los aranceles y presiones regulatorias que se han intensificado en los últimos años.
La interlocución con la Secretaría de Economía y con Marcelo Ebrard será estratégica para evitar retrocesos en materia de inversión, reglas de origen, energía y manufactura avanzada.
Reactivar la inversión: el corazón de su agenda
Uno de los principales ejes que Medina Mora ha delineado es elevar la inversión privada por encima del 20% del PIB, un objetivo indispensable para lograr tasas de crecimiento superiores al 2% y consolidar el llamado “Plan México” impulsado por el gobierno federal.
El próximo dirigente empresarial identifica tres obstáculos que deberán atenderse de manera inmediata: incertidumbre jurídica, que frena decisiones de inversión y eleva los costos regulatorios.
La inseguridad, que afecta particularmente a sectores logísticos, turismo, manufactura y cadenas de suministro. También la disponibilidad de energía, especialmente eléctrica, para acompañar la relocalización industrial.
Con la reciente autorización para permitir mayor participación privada en generación eléctrica, Medina Mora anticipa una ventana de oportunidad para destrabar proyectos que habían permanecido pausados.
Un CCE más amplio e incluyente
Otro de sus objetivos será convertir al CCE en un espacio más representativo de toda la estructura empresarial mexicana: desde grandes corporaciones hasta pequeñas y medianas empresas. La intención es fortalecer una agenda común que incorpore las problemáticas regionales, la logística local, la disponibilidad de talento y la seguridad en los estados.
Este enfoque no solo amplía la base del CCE: le da legitimidad política y territorial.
Una relación estratégica con la presidenta Sheinbaum
Medina Mora llega en un momento en el que la presidenta Claudia Sheinbaum ha expresado apertura al diálogo con el sector empresarial, particularmente en temas como inversión, infraestructura energética, reglas de mercado y la defensa del T-MEC.
En su evaluación del primer año de la mandataria, el futuro líder del CCE reconoció avances y subrayó la necesidad de profundizar los puentes institucionales: señaló el valor estratégico del Plan México, respaldó la posición firme de México frente a medidas comerciales de Estados Unidos, y destacó la importancia de mantener una política social que conviva con la inversión productiva.
La relación entre ambos será decisiva. El CCE tendrá que acompañar, cuestionar y negociar con una presidencia que busca acelerar inversiones, ordenar el sector energético y modernizar marcos regulatorios.
Los desafíos que definirán su presidencia
El nuevo liderazgo del CCE enfrentará retos de alto impacto: sin lugar a duda el primordial será la revisión del T-MEC en 2026. Aunado a ello, las posibles reformas fiscales profundas. Otro tema será la evolución del sector energético y la transición hacia modelos mixtos. Todo ello pasa por la necesidad de fortalecer el Estado de Derecho en un entorno de persistente inseguridad.
Finalmente, la atracción de inversiones derivadas del nearshoring será otro de los temas centrales de la gestión de Medina Mora.
El reto será mantener un equilibrio fino: ser un interlocutor confiable para el gobierno, sin renunciar al papel del sector privado como contrapeso técnico y voz crítica en la formulación de políticas públicas.
La llegada de José Medina Mora al CCE no es un relevo administrativo: es la configuración de un nuevo mapa político-empresarial.
Su capacidad para combinar diálogo y firmeza será determinante para definir cómo se inserta México en la economía global en los próximos años, cómo se negocia el futuro del T-MEC y qué papel jugará la inversión privada en la transformación del país.



