“El inicio de una capital con vocación de liderazgo”
Por Álvaro Martínez García
Director del Archivo Municipal de Guadalajara
Con motivo del 484 Aniversario de la fundación definitiva de Guadalajara, ocurrida el 14 de febrero de 1542, a la postre de otros asentamientos temporales, el primero Nochistlán en 1532, luego Tonalá en el año de 1533 y más tarde Tlacotán en 1535, finalmente se estableció en el Valle de Atemajac, en el cuadrilátero que hoy ocupa el Teatro Degollado; ahí encontró la paz y logró algunos progresos significativos como recibir el título de Ciudad y Escudo de Armas otorgados desde 1539 por Carlos V de Alemania y I de España mediante cédulas reales, luego de enterarse de los infortunios por los que habían pasado los pobladores de las primeras villas. A partir de entonces, ha experimentado un acelerado crecimiento económico, industrial y turístico, consolidándose como la segunda metrópoli más importante de México.
En el Archivo Municipal de Guadalajara “Salvador Gómez García” se resguarda el documento más antiguo de la Perla de Occidente, que data de 1573 siendo el más cercano al tiempo de su sede definitiva en 1542.
Hace referencia a la solicitud dirigida al rey de España por la Real Audiencia y Gobierno de la Nueva Galicia, para que los asuntos de minas sean resueltos por autoridades de esa provincia y no por la Nueva España o por el Virrey.
Respecto al acto fundacional, muchos estudiosos han investigado y recreado este acontecimiento histórico. En la Crónica Miscelánea del Fraile Antonio Tello se relata que la elección del lugar definitivo se debió a la firmeza y decisión de una valiente mujer, Doña Beatriz Hernández, se presentó en la sesión de Cabildo de 1541 y pidió al gobernador Cristóbal de Oñate licencia para hablar, ella expresó: “Señores el rey es mi gallo y yo soy de parecer que nos pasemos al valle de Atemaxac, y si otra cosa se hace, será de servicio de Dios y el Rey, y lo demás es mostrar cobardía…”; enseguida, el gobernador declaró: “Hágase así señora Beatriz Hernández y publíquese lo señalado”; todos estuvieron de acuerdo con la resolución tomada.
Por otra parte, en el Archivo Municipal se resguardan libros Capitulares o de Actas de Cabildo desde 1607 y abordan un sinfín de situaciones de diferente índole dando muestra de las necesidades más apremiantes de los habitantes y cómo las autoridades civiles y eclesiásticas atendían sus peticiones con el fin de garantizar, sobre todo, la seguridad de los pobladores de la joven ciudad. Precisamente sus pobladores, así como en otras regiones, al verse envueltos en circunstancias difíciles, pedían la intercesión de los santos, no tanto por la ferviente devoción que se les tenían, más bien para sentirse protegidos contra ciertos sucesos, podía tratarse de nuevas enfermedades que ponían en riesgo su vida, o bien, por la escasez de alimentos, y más aún fenómenos naturales imposibles de controlar. Existe un documento histórico que aborda uno de los hechos más alarmantes que vivieron sus habitantes en el siglo XVIII, el cual deseamos compartirles con motivo de esta conmemoración tan significativa para los tapatíos.

La devoción a los santos
Guadalajara en esa época vivió un momento preocupante y era preciso tomar decisiones inmediatas en los eventos que se suscitaban sin previo aviso; se acudía a un primer recurso, implorar la devoción a algunos santos para enfrentar los peligros. Uno de los santos más aclamados desde antes de su establecimiento definitivo, fue San Miguel Arcángel a quien los primeros pobladores lo nombraron patrono protector de la ciudad; gracias a su intervención, Guadalajara de Tlacotán se libró de Tenamaxtli cuando fue atacada el 28 de septiembre de 1541. A este santo se le atribuyó la victoria de la batalla, por ello el Paseo del Pendón se realizó cada 29 de septiembre; poco a poco la lista se engrosó con otros santos como, por ejemplo, se implora a San Clemente Papa, la protección contra los temporales y naufragios; San Martín de Tours fue nombrado Santo Patrono contra hormigas arrieras y alacranes, porque ocasionaron gran mortandad sobre todo en los menores; San Judas Tadeo, es el patrono de las causas difíciles; y a San Sebastián, se le suplicaba cuando había epidemias; al Señor de la Penitencia, para la redención, a la Virgen de Zapopan, en 1734 se le nombró Patrona contra rayos, tempestades y epidemias, la Virgen del Rosario evitaba enfermedades y otras calamidades, solo por mencionar algunos. Las personas acudían a las facultades de los Santos por las necesidades imperantes en momentos difíciles donde el poder humano se declaraba imposibilitado para contrarrestarlas.
El tema que nos ocupa y el cual se analiza con fundamento histórico, trata de la invocación a la Virgen de la Soledad. ¿Qué vivió la ciudad para solicitar tal protección? Lo escrito permanece por siempre. El Libro de Actas de Cabildo de 1771, describe entre sus páginas una erupción del Volcán de Fuego, también conocido como Volcán de Colima (localizado en los límites del Estado de Colima y Jalisco). En ese tiempo expulsó una densa masa de cenizas que oscureció la luz del sol en Guadalajara. Durante tres días permaneció nublada en su totalidad y cubierta por una lluvia de ceniza.
A pesar de la distancia entre el volcán y la ciudad, la acción de los vientos transportó las cenizas hasta esta región, lo que originó gran temor entre la población, a tal grado que tuvieron que solicitar a las autoridades civiles y eclesiásticas se nombrara un Santo Patrono que velara por su seguridad, así fue como se le nombró a la Virgen de la Soledad “protectora contra los terremotos”, ya que se creía que estos fenómenos estaban relacionados con las explosiones volcánicas. Por esta razón, la imagen de la Virgen era sacada cada año en procesión por las calles para venerarla con devoción. Los pobladores satisfechos con los resultados obtenidos, y como muestra de agradecimiento, le edificaron su iglesia, el templo de la Soledad, ubicado en el lugar que hoy ocupa la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.
Este incidente de la naturaleza ha cautivado a quienes vienen a conocer el pasado de nuestra ciudad. Ahora en este mes de febrero en que festejamos el aniversario de la fundación de nuestra ciudad, queremos recordar a nuestros amables lectores que este y otros más documentos que dan testimonio de interesantes anécdotas, los podrán encontrar en el Archivo Municipal de Guadalajara y que forma parte de la memoria escrita de nuestra noble y leal Ciudad.



