Opinión Política
EDUCACIÓN E HISTORIA

Los caballos de Caligula

Parte 1

 

“La salud de una democracia puede medirse por la calidad de sus representantes”.

Alexis de Tocqueville

Por Abogado Jesús Hiram Gómez Enciso y Maestro Javier Jaramillo González

El gobierno actual impulsa una reforma electoral que busca modificar de manera profunda las reglas del juego democrático en México. A diferencia de reformas previas —que tradicionalmente habían surgido desde la oposición para limitar el poder del gobierno en turno— la iniciativa ahora emana directamente del propio Ejecutivo. Con ese propósito, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo creó la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, instancia que tendrá vigencia hasta el 30 de septiembre del 2030.

Dicha Comisión tiene como objeto convocar al pueblo a expresarse sobre la reforma electoral conveniente para México y realizar estudios en la materia; llevar a cabo los análisis necesarios y elaborar propuestas concretas; así como constituir los grupos de trabajo que considere necesarios para el cumplimiento de sus funciones. No obstante, pese a que formalmente la Comisión nace con la finalidad de escuchar y analizar, la realidad es que surge con líneas discursivas previamente definidas desde la titular del Poder Ejecutivo.

Un ejemplo claro de ello se encuentra en el debate sobre la representación proporcional. En este tema, la presidenta de la República ha mostrado al menos dos momentos. El primero, en el que sostuvo abiertamente la eliminación de los legisladores electos por dicho principio, es decir, la desaparición de los 200 diputados y los 32 senadores de representación proporcional. Sin embargo, ante el rechazo tanto de la oposición como de legisladores afines a su propio movimiento, el discurso comenzó a matizarse. Tal fue el caso del diputado Ricardo Monreal, quien señaló: “¿Vale la pena renunciar a la pluralidad para ganar cercanía? Tal vez el reto no sea suprimirla, sino buscar fórmulas intermedias que permitan corregir sus fallas sin renunciar a sus virtudes”. A partir de este rechazo generalizado, puede identificarse un segundo momento en el que la titular del Ejecutivo sostiene que la representación proporcional debe ser reconfigurada, bajo el argumento de que actualmente se vive una crisis de representación.

En esa misma línea, la presidenta ha señalado que “La lista de plurinominales se ha convertido, para muchos partidos políticos, en el reparto interno de puestos para las cúpulas de los partidos políticos. Nosotros que hablamos de la representación del pueblo, esa es la definición de democracia, por eso abrimos a que se discuta”. A dicha afirmación no le falta razón si se observa quiénes suelen encabezar las listas de representación proporcional y quiénes efectivamente han llegado al Senado y a la Cámara de Diputados. En el PAN aparece Marko Cortés; en el PRI, Alejandro Moreno; en el extinto PRD figuraba Jesús Zambrano; y en Movimiento Ciudadano, su líder moral Dante Delgado encabezaba la lista para el Senado, aunque finalmente quedó fuera debido a la aplicación de la normativa electoral y de paridad de género. Este fenómeno se replica en los ámbitos locales, donde los dirigentes estatales suelen ocupar los primeros lugares de las listas para integrar los congresos locales.

Bajo esta lógica de reparto interno de curules entre las cúpulas partidistas, conviene señalar que estos actores no solo se benefician del acceso a cargos legislativos, sino también de las prerrogativas propias de los partidos políticos, de las cuales no goza el resto de la militancia. En primer lugar, como dirigentes reciben sueldos generalmente elevados; en segundo término, cuentan con acceso privilegiado a los micrófonos de radio y televisión, lo que les otorga una visibilidad significativamente mayor; y, finalmente, disponen de toda la infraestructura partidista financiada con recursos públicos, es decir, con impuestos pagados por la ciudadanía.

En este contexto, coincido con la presidenta en que efectivamente se vive una crisis de representación. Las minorías que llegan al Congreso de la Unión no representan, en sentido estricto, a las minorías que votaron por esos partidos, pues quienes acceden a los cargos suelen ser personas desconocidas para la ciudadanía o figuras que, aun siendo conocidas, no habrían recibido el respaldo directo del electorado. Esta percepción se refleja en la opinión pública: de acuerdo con una encuesta de Poligrama, el 45 % de las personas encuestadas prefiere que se reduzca el número de legisladores de representación proporcional, el 33 % que se eliminen por completo y solo el 22 % desea que se mantengan. Además, el 69 % considera que estos legisladores afectan a la democracia, lo cual se explica, en parte, porque únicamente el 9 % de los encuestados sabe cómo se eligen.

Frente a esta percepción de crisis de representación, y partiendo de la realidad mexicana, conviene precisar que existen básicamente dos grandes sistemas de representación: el de mayoría y el de representación proporcional. Giovanni Sartori señala que “los sistemas electorales determinan el modo en que los votos se transforman en curules”. En caso de eliminarse el sistema de representación proporcional, solo subsistiría el sistema de mayoría, por lo que resulta necesario analizarlo brevemente. Siguiendo a Alexis de Tocqueville, este modelo requiere tres condiciones para funcionar adecuadamente: la igualdad de las condiciones de vida o cierta homogeneidad social; un consenso político básico en torno a la fórmula mayoritaria; y la posibilidad real de que la minoría se convierta en mayoría.

Estas condiciones implican que los antagonismos sociales no se expresen en múltiples dimensiones de conflicto y que no existan divisiones profundas de carácter étnico, religioso o lingüístico. Asimismo, suponen la ausencia de grandes desigualdades regionales en el desarrollo económico e industrial. En sociedades complejas y diversas como la mexicana, resulta difícil que tales condiciones se cumplan plenamente, así como que exista un consenso sólido en torno a los sistemas mayoritarios.

De no cumplirse estas condiciones, el riesgo es generar grandes desproporciones. Un partido político podría obtener apenas el 30 % de los votos y, aun así, concentrar el 100 % de la representación, mientras que fuerzas con el 20 % o el 10 % quedarían excluidas. A manera de ejemplo, si en México todos los diputados se eligieran únicamente por mayoría relativa —es decir, si solo existieran 300 diputados—, la alianza encabezada por Morena tendría una sobre–representación de aproximadamente 27 puntos. De acuerdo con los cómputos distritales del INE correspondientes a 2024, Morena y sus aliados obtuvieron el 46.49 % de los votos y ganaron 219 distritos, lo que les daría el 73 % de la representación. En contraste, Movimiento Ciudadano, con el 10.91 % de los votos, apenas tendría el 0.33 % de la representación al haber ganado solo un distrito.

A partir de este análisis, puede afirmarse que el dilema no es transitar de una crisis de representación a otra, sino construir una representación auténtica, en la que todos los votos cuenten, incluidos los de las candidaturas independientes.

Una vez analizado el sistema de mayorías y sus posibles efectos distorsionadores, resulta necesario examinar el sistema de representación proporcional. Al respecto, Dieter Nohlen se pregunta: “¿Cuál es el objetivo político de la representación proporcional?”, y responde que su finalidad es reflejar, con la mayor exactitud posible, las fuerzas sociales y políticas presentes en la sociedad. En un país tan diverso como México, donde cada persona tiene derecho a votar y todos los votos cuentan por igual (artículo 7, numeral 2, de la LGIPE), este sistema permite que la pluralidad se refleje sin distorsiones ni negaciones de su existencia.

Giovanni Sartori resume las diferencias entre ambos sistemas al señalar que “en los sistemas de mayoría el triunfador se queda con todo; en los sistemas proporcionales, el triunfo es compartido y sencillamente se requiere un porcentaje electoral (por lo general, el cociente electoral). En los sistemas de mayoría, la elección del votante es canalizada y finalmente limitada a una alternativa; en los sistemas proporcionales no se obliga a los votantes a concentrar su voto y las posibilidades de elegir pueden ser muchas. Por otra parte, los sistemas de mayoría proponen candidatos individuales, personas; comúnmente los sistemas proporcionales proponen listas de cada partido”.

Dieter Nohlen complementa este análisis al señalar que, en términos generales, el valor del voto es desigual en los sistemas de mayoría e igual en los sistemas proporcionales; que la relación entre el voto y el resultado es directa en el primero e indirecta en el segundo; que los bastiones electorales influyen más en los sistemas mayoritarios; y que la independencia del diputado suele ser mayor en estos últimos. Para mayor claridad, me permito transcribir la siguiente tabla comparativa:

 

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