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La realidad social y la educación

Erika Anay Rodríguez Valle

Dra. En Ciencias de la Educación.

Aprender es esencial, que requiere esfuerzo («raíces amargas, frutos dulces») y que implica educar tanto la mente como el corazón, convirtiendo la educación en el mejor «provisionamiento para la vejez». Aristóteles.

Al recorrer las aulas en sus hechos históricos; Los docentes les ha tocado enfrentar distintos desafíos desde las décadas anteriores, se pudiera hacer un comparativo de lo que se vivía dentro de los contextos escolares y lo que hoy encontramos con diversas realidades de atención.

Vivir el trabajo en el aula es descubrir hallazgos sociales en todos los sentidos con desafíos de los docentes al atender alumnos con situaciones vulnerables; de lo que tienen en sus hogares, maltratos, carencias de alimentación y sobre todo de atención de los padres hacia ellos, se destaca también retos pedagógicos globales, porque la demanda de quien recibe la educación está situada en tecnologías, que conectan a otros mundos y con ellos a otras culturas.  Esa diversidad marca rasgos de violencia, discriminación de género, poco interés para relacionarse entre pares, porque el mayor vínculo entre ellos es a través de la tecnología.

 Así, el maestro está frente a estas tendencias tecnológicas, tratando de situar su planeación; que pueda atender escenarios didácticos con sed de humanidad, de cercanía más allá de una pedagogía que forme aprendizajes de contenidos curriculares, exige realmente una pedagogía que involucre el aula con la sociedad, una sociedad con sed de escucha, pero sobre todo de elocuencia entre lo que exige y lo que realmente necesita.

Todos los días los docentes se enfrentan con retos de la sociedad que demandan mejores ciudadanos y que desde la trinchera de las escuelas formemos conciencia de ser mejores personas, sin embargo, todo lo que abraza a las escuelas es una sociedad vulnerable ante la ética, la igualdad, la democracia, el respeto y algo con la mayor gravedad la identidad nacional.

Hablar de identidad nacional es revisar la influencia cultural que se ha venido adoptando de otros países, que, si bien nos hace crecer como acervo y fomento a la diversidad, también nos llega a limitar en definiciones multidimensionales en el contexto social, hacen un choque de realidades al no encontrar las mismas respuestas de desarrollo social de donde nace la cultura que estamos adoptando.

La escuela está inmersa en todo momento en una sociedad crítica, con reflexiones hacia el maestro, desde un punto de vista proactivo, más allá de la significación de lo que pueda llegar a determinar la pedagogía; se habla de innovación, de vanguardia, de una enseñanza humanizante;  sin embargo, existe una realidad que demanda, una pedagogía meta cognitiva que más allá de integrar todas las esferas del conocimiento, es la promulgación en una nueva década situada en actores sociales que son los estudiantes, con influencias de redes sociales, de tribus urbanas, de estereotipos de género diversos, con mayor carga de problemas emocionales, con distractores tecnológicos, que construyen a seres humanos, con autismo sociales, con inquietudes de atención diversa. Una sociedad que exige para el educando que el docente le ayude a fomentar una madurez psicológica que le permita identificarse como persona, reconocer cuál es el papel que está ejerciendo en una sociedad sea como hijo, estudiante, amigo. De tal forma que los docentes asumen responsabilidades en las aulas, de corte social, psicológico, tratando de abrazarlas con la didáctica.

La pasión por ser maestro conmueve a la enseñanza en todas estas áreas de oportunidad para ubicar la didáctica, bajo estas condiciones sociales, considerando sus propias percepciones de aprendizaje que puedan demandar los estudiantes, y a llegar a exigirle al maestro más, de lo que su planeación tenga situada en las habilidades intelectuales de cada uno de ellos. Existe algo que ha movido el tintero del maestro, tomar el educar como un acto de amor. Colocando aquí un pensamiento de Paulo Freire que define a la educación como un acto de amor, por tanto, hoy en día quien toma el desafío de ser maestro es porque realmente tiene el valor de educar.

La escuela está presente en una gran diversidad social y el docente sigue avanzando en su clase, bajo diferentes circunstancias, aún con las necesidades marcadas por cada una de los contextos educativos, el maestro sigue siendo un factor de cambio, porque influye en cada uno de los pensamientos de los alumnos que atiende.

Educar sigue siendo un acto que involucra a la sociedad en la escuela, pero sobre todo la escuela misma influye en la propia sociedad. Los maestros llegan a consolidar un factor importante en el tejido social, son entes en movimiento, en ejercicio tanto educativo, como político, es por eso que la educación, es una gran oportunidad para situar los desafíos sociales trabajados con conciencia desde el aula. El aprendizaje de los alumnos en esta nueva época, es educar desde la conciencia social y participativa de esos alumnos que estamos formando, es fortalecer la congruencia del ser humano, en donde decide estar e identificarse quién es y cuál es su razón por estarse preparando. El enorme Sócrates lo dice «La educación es encender una llama, no llenar un recipiente». Asumir el papel de maestro es concientizar al alumno qué función juega en la sociedad.

Es ahí el mayor de los desafíos de la educación actual, educar para transformar, educar para interactuar con los demás, Educar para decidir y construir, educar para el pensamiento humano, para el impulso de un mejor mundo. Nuevamente situando al gran Sócrates “educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”. Vamos construyendo una pedagogía con metodologías activas, que sitúen el aprendizaje, en los propios desafíos de la realidad. Educar tomado como un acto de libertad, pero sobre todo como un acto de responsabilidad social.

 

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