Después de desprenderse de los lazos que lo unían a Francia, apoyó movimientos independientes de otras naciones americanas.
Por Alfredo Arnold
El día primero de enero de 1804 se proclamó la independencia de Haití. Después de Estados Unidos que lo hizo en 1783, Haití fue la primera nación del continente en desprenderse de los lazos coloniales de Europa. Faltaba todavía una década para que el resto de las naciones continentales e isleñas de América iniciaran sus procesos de autonomía, y aún más años para que conquistaran sus demandas.
México inició su lucha de independencia en 1810, aunque ya un año antes había surgido un importante movimiento en contra de las autoridades españolas. La invasión de Napoleón a España detonó el movimiento autonomista en América, principalmente por el temor de ser asimilados por el conquistador francés.
Miguel Hidalgo, Simón Bolívar y José de San Martín fueron figuras claves en las independencias de Hispanoamérica, en tanto que, en Brasil, aunque se trató de un movimiento diferente, también se obtuvo la autonomía respecto de Portugal, cuyo príncipe Pedro I encabezó el movimiento, más pacífico, por cierto, en el año de 1822.
Decíamos que Haití, que estaba bajo el dominio francés, fue la primera nación americana (después de los Estados Unidos) en obtener su autonomía. En el presente artículo, obtenido de la revista argentina Todo es Historia y de los valiosos apuntes de Doralicia Carmona, ofrecemos un interesante repaso del primer movimiento de Independencia en América Latina:
El día primero de enero de 1804, Jean Jacques Dessalines proclama la independencia política de Saint-Domingue, que bautiza con el nombre de Haití y asume el cargo de gobernador general vitalicio; y el 6 de octubre siguiente, se proclamará emperador de Haití con el nombre de Jacques I.
Tras contribuir a la expulsión de los británicos al mando de una de las bandas de esclavos negros aliadas al ejército francés y recibir del general Carlos Víctor Manuel Leclerc el mando del sector sur de la isla, Dessalines, esclavo emancipado nacido en Guinea que adoptó el nombre de su amo, junto con Alexandre Pétion, se rebeló contra los franceses por haber restaurado la esclavitud bajo el lema “Libertad o Muerte”; los venció en la batalla de Vertieres, los obligó a capitular el 29 de noviembre de 1803 y los expulsó también de la isla.
El 20 de mayo de 1805, se aprobó en Haití la primera Constitución en América Latina, cuyo Artículo Primero expresa claramente la decisión de consolidar la unificación de la isla: “El pueblo que habita esta isla llamada Santo Domingo ha convenido que formará un Estado libre, soberano e independiente de cualquier otra potencia del universo y se llamará el Imperio de Haití”. Además, en contra de la población blanca, disponía que “ningún blanco, sea cual fuere su nacionalidad, pisará este territorio con el título de amo o de propietario ni podrá en lo porvenir adquirir propiedad alguna… El artículo precedente quedará sin efecto así con respecto a las mujeres blancas que han sido naturalizadas haitianas por el gobierno como con respecto a los hijos que de ellas han nacido o están por nacer… Los haitianos serán tan sólo conocidos bajo la denominación genérica de negros”. Se establecería, asimismo, que el mal de Haití es el color blanco, como expresión de repudio a la explotación centenaria de los esclavistas.
Dessalines nacionalizó los bienes de los colonos franceses, colocándolos bajo la administración del Estado, con lo cual se convirtió en el primer gobernante de América Latina en nacionalizar la tierra, otorgar un papel relevante al Estado en los asuntos económicos y decretar la tolerancia religiosa.
Las clases dominantes enriquecidas con la explotación del trabajo esclavo, sobre todo las de Brasil, Venezuela, Colombia. Cuba y Puerto Rico, se alarmaron ante esta rebelión que no sólo conquistaba la independencia sino también la libertad de los esclavos.
Los poderes europeos reaccionarían en contra de la nueva nación, cortarían el acceso de Haití a los mercados internacionales y al financiamiento, e intervendrían constantemente en sus asuntos internos.
En 1806 Dessalines fue asesinado y el país se dividió en dos mitades, una norte, en la que Henri Christophe se proclamó rey, y otra sur, donde Pétion estableció una república. Durante el medio siglo siguiente, la lucha interna entre los monárquicos y los republicanos devastó al país. La mayoría negra, cuya participación fue esencial para formar una nueva nación, siguió ocupando los escalones más bajos de la sociedad haitiana.
Con la compra de Florida en 1819, los Estados Unidos también consideraron a Haití dentro de la zona de su interés estratégico dada la cercanía con sus costas y la importancia del azúcar haitiano que compraban para sus destilerías desde finales del siglo XVIII.
De 1838 a 1883, como condición forzosa para reconocer su independencia, Francia impuso a Haití el pago a plazos de un total de 90 millones de francos para indemnizar a los antiguos dueños de esclavos y plantaciones.
Haití fue objeto de múltiples agresiones internacionales, hasta que en 1915 Estados Unidos estableció, de hecho, un protectorado sobre la nación haitiana para después dejarla de 1957 a 1986 en manos de la dinastía de los Duvalier, dictadores sanguinarios y corruptos. Así, hasta el presente, se ha mantenido en el poder una pequeña oligarquía que concentra la riqueza y hace de Haití el país más pobre de América.

APOYO A OTROS MOVIMIENTOS
En las primeras décadas del siglo XIX, algunos revolucionarios, entre ellos el español Javier Mina, antes de venir a México, acudieron a Haití en demanda de ayuda para hacer triunfar sus movimientos. Por ejemplo, se escribió lo siguiente respecto de Venezuela:
“En su calidad de primera nación libre de América Latina, (Haití) fue visitada por Francisco de Miranda el 20 de febrero de 1806, bajo el pseudónimo de George Martin, con el fin de solicitar ayuda para su expedición a Venezuela. Después de seis semanas en la tierra liberada por Dessalines, donde pudo apreciar el profundo significado social de la revolución antiesclavista, partió a su patria con la generosa ayuda de los haitianos que no sólo le proporcionaron armas sino también hombres como Fequiere. Gayot y Gastram. No por azar, Miranda propuso la libertad de los esclavos cuando fue Presidente de la Junta de Gobierno de Venezuela en 1811”.
Una de las ayudas más decisivas que dio Haití a la revolución latinoamericana fue la de Pétion a Bolívar en 1815 (2,000 fusiles) y en 1816: 4,000 fusiles, 15,000 libras de pólvora, otras tantas de plomo, una imprenta, 30 oficiales haitianos y 600 voluntarios. La influencia ideológica y social de Haití sobre Bolívar fue decisiva para su decisión irrevocable de luchar por la abolición de la esclavitud y la servidumbre en las colonias hispanoamericanas.
Los haitianos se solidarizaron activamente con otros revolucionarios latinoamericanos, como los mexicanos Toledo y Herrera, con quienes colaboró el corsario haitiano Bellegarde en el ataque a Tampico y Veracruz, en tanto Francisco Javier Mina estuvo en Haití preparando una Invasión a México colonial, siendo acompañado por varios marineros haitianos.



