Opinión Política
OPINIÓN

A tomar apuntes

NOTA DEL EDITOR

Por Alfonso Gómez Godinez

El presente año inicia con un profundo símbolo de disrupción. El ingreso de fuerzas militares estadounidenses a Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores para enfrentar cargos judiciales ante la justicia norteamericana.

Inmediatamente después, medios de comunicación y redes sociales se han saturado de opiniones y mensajes. Posicionamientos anclados en el rechazo a la intervención o en el beneplácito con la misma. Los gobiernos han actuado también en la misma ruta. Vemos al gobierno de México rechazando dichas acciones y el de Argentina aplaudiéndolas.

Lo sucedido en Venezuela pone fin a una quimera iniciada por Hugo Chávez en la década de los noventa y teniendo como terreno fértil el descontento, la pobreza, frustración y el cansancio de la sociedad ante sus anquilosadas opciones políticas ofrecidas por los socialcristianos y los socialdemócratas que se alternaban en el poder. Debo de reconocer que ese 8 de diciembre de 1998, fui testigo presencial en Caracas del triunfo Chavista y de su apoteótica celebración en la madrugada del 9 de diciembre ante miles de seguidores esperanzados en un cambio favorable a sus condiciones de vida. Después de 27 años, ese proyecto terminó en un desastre de enormes proporciones, un colapso económico y humanitario que provocó que más de 8 millones de venezolanos huyeran de su país.

La lectura obtenida de los acontecimientos de Venezuela tiene múltiples y muy significativas aristas. La autocracia política no se puede imponer a la lógica de la economía, del mercado y de sus incentivos. Sin frenos institucionales, el uso de los recursos se derrocha, se dilapidan, se favorece la cleptocracia y se saquea al Estado para fines privados. Se brinca fácilmente la línea entre lo legal y lo ilegal. Grupos de poder se convierten en mafias y bajo el amparo de la impunidad florecen los negocios negros. Las ocurrencias y caprichos son altamente costosos, pero a la par florece el doble discurso que justifica todo: lo hacemos para defender el proyecto de los pobres.

La inviabilidad y fracaso de esos modelos ha promovido el movimiento del péndulo político en la región, lo vemos en Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Honduras y lo que falta por venir.

Lo sucedido en Venezuela expone con mucha claridad el proyecto de reorganización hegemónica de Estados Unidos. Se perfilaba desde la irrupción de Trump a la vida política hace más de una década. Su visión de Estados Unidos, de Occidente y de Oriente, sus valores, sus amenazas, el tipo de capitalismo, del Estado y del individuo, la migración, el comercio, etc, fueron recreándose durante años con el apoyo de controvertidos pensadores y centros de investigación.

En la segunda administración de Trump se presentan las condiciones propicias para ponerlas en práctica. MAGA (Make America Great Again) es el eje rector de una nueva estrategia de seguridad en el hemisferio occidental. En el continente se presentan amenazas a la seguridad de Estados Unidos, el fracaso del populismo de izquierda, los flujos de migrantes, la penetración económica de China, el narcotráfico, los Estados fallidos y todas aquellas ideas y visiones que sean disfuncionales y antagónicas a Estados Unidos. El liderazgo es único y exclusivo; el continente debe ahora caminar en un solo sentido y bajo una sola pauta.

Los mensajes dados a conocer por Trump y sus hombres cercanos Pete Hegseth, Marco Rubio, Dan Caine en la conferencia de prensa del pasado sábado no tienen desperdicio y son claros mensajes que delinean nuevas reglas de actuación para cuatro países de la región. Colombia, Cuba, Nicaragua y, obviamente, México.

En la transición de régimen que será conducida por Estados Unidos no se permitirá que “llegue cualquiera”. ¿lo mismo aplicará a otros países donde gobiernen o se disputen las elecciones personajes que no respondan a los intereses norteamericanos?

Lo que sucedió en Venezuela se dijo “es una advertencia” a los cárteles que operan impunemente y amenazan a Estados Unidos. Se debe entender que lo que le pasó a Maduro le puede pasar a ellos. Nuestros adversarios ya saben qué en cualquier lugar, en cualquier momento, los puede alcanzar el brazo de la justicia de Estados Unidos. La paz se construye a través de la fuerza de los Estados Unidos, es parte de lo que se escuchó en dicha conferencia.

Tuvieron múltiples oportunidades, los invitó a no jugar con este presidente (Trump) porque no les irá bien, comentó Marco Rubio y remató diciendo que cuando el presidente habla se le debe tomar en serio.

En este lenguaje, no cifrado sino abierto, Dan Caine el Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos sentenció, “sabemos donde viven, que comen, como se visten, hasta de sus mascotas”, gracias a las labores de inteligencia.

Por un lado, está el beneplácito por la caída del dictador Maduro; los intercambios de opiniones seguirán apoyando o denostando la intervención estadounidense. Lo que debe quedar claro es que la recomposición hegemónica de Estados Unidos está en marcha y México está en el tablero. Nada más somos sus vecinos, sus principales socios comerciales y único proveedor de fentanilo.

 

Post relacionados

Sector obrero, sector empresarial y gobierno

Opinión Política

La Gestión Cultural

Opinión Política

Adiós a Tatiana

Opinión Política

Dejar un comentario