Opinión Política
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Panópolis las ciudades verdes

Por Magdiel Gómez Muñiz

Politólogo

Profesor Investigador de la Benemérita Universidad de Guadalajara

@magdielgmg

Hoy por hoy las ciudades verdes son una necesidad estructural para la gobernanza local del siglo XXI. Si partimos del supuesto que, en un contexto urbano marcado por la desigualdad territorial, la precarización del espacio público y el deterioro ambiental, la agenda de las ciudades verdes representa una asignatura pendiente en muchos de los gobiernos municipales.

Lo anterior viene de un padecimiento central donde las ciudades se enfrenan a desafíos que van desde el estrés hídrico, pérdida de áreas verdes, islas de calor y una movilidad insostenible que impacta de forma diferenciada a los sectores vulnerables. Sin embargo, la respuesta institucional suele fragmentarse en acciones aisladas, por mencionar el caso de ciclovías inconexas, reforestaciones simbólicas, campañas de relumbrón que no alcanzan a constituirse como políticas urbanas integrales. La ciudad verde no es un ornamento urbano, sino un modelo de planeación que articula salud pública, justicia social, desarrollo económico junto con resiliencia climática.

El punto es que, los gobiernos municipales tienen una ventaja estratégica, una posición envidiable y surge su cercanía con el ciudadano, conocen el día a día de la agenda de lo cotidiano. En consecuencia, deciden sobre el uso de suelo, la gestión de residuos, el transporte urbano, los espacios públicos, y, en muchos casos, el manejo del agua junto con energía.

Ignorar esta posición privilegiada implica reconocer que la sustentabilidad no puede seguir tratándose como un eje transversal retórico sino como un criterio rector de la acción pública municipal. Dicho de otra manera, es planear las ciudades donde caminar no sea un riesgo, donde los espacios verdes sea la infraestructura básica y sobre todo que la movilidad reduzca emisiones y tiempos de vida perdidos, subrayando el derecho a un entorno sano como ejercicio pleno de ciudadanía.

Lo que debe quedar claro es que: las ciudades verdes no son un ideal abstracto, sino una respuesta concreta a problemas que la población enfrenta todos los días; calor extremo, enfermedades respiratorias, traslados interminables, inseguridad, falta de espacios comunes. La pregunta ya no es si los gobiernos locales deben asumir una agenda verde, sino cuánto tiempo más pueden postergar una responsabilidad que impacta directamente la calidad de vida.

En términos estrictos, las ciudades mexicanas cuentan con menos de 5 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, muy por debajo de las recomendaciones internacionales que sugieren al menos entre 9 y 15 metros cuadrados. Esta carencia además de ser estética está directamente relacionada con el estrés urbano, menor cohesión social junto con ello, un deterioro de la salud mental.

Byung Chul Han sostenía -en relación con la ciudades verdes- que no son un gesto romántico, sino una crítica política profunda al modelo urbano neoliberal. La ecología se convierte en una forma de resistencia discreta, pero radical, contra una sociedad que ha olvidado cómo habitar sin agotarse. Jardines, árboles urbanos y ecosistemas no deben gestionarse solo como servicios ambientales, sino como relaciones vivas que configuran subjetividades más lentas, atentas y menos violentas. Eso nos hace falta.

 

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