Por Juan Carlos Hernández A.
Maestro en Gestión Social y Políticas Públicas
Profesor de la Escuela de Filosofía de la UAG
En la historia de la humanidad, en los actos personales como en grupo, empresariales, de diversas organizaciones y supongo que de gobiernos también, ha existido la relevante planeación a corto, mediano y largo plazo, que ayuda a ser más eficaz la utilización de recursos humanos, de equipo, financieros y logísticos, todo bajo el mando de una estrategia bien definida, pues de lo que se trata es tener los mejores resultados.
Ante esta lógica, toda persona, ello suponemos, se ocupa de hacer un análisis a conciencia para generar una estrategia para comunicar de manera mucho más eficiente su mensaje, así como de ejecutar acciones previamente pensadas, entonces la estrategia se convierte en cómo posicionar de la mejor manera el contenido, el propósito y la acción que se desea compartir.
Para elaborar una estrategia no se requiere de mucha sabiduría, que no sea, estimar qué y cuáles necesidades se desean solventar, pero sobre todo cómo, aunado a un análisis de los hechos reales. Bueno pues al tema tenemos que hemos visto varias posiciones de amplios entes públicos que pareciera navegan sin rumbo fijo ni dirección, sin considerar las necesidades apremiantes de los gobernados; ello ante un asombro estático de la ciudadanía que ve pasar una y otra vez las malas e inacabadas decisiones equivocadas unas y sin tino otras, de la administración pública, en el nivel que usted quiera, tristemente un día sí y otro también.
Cuál es el tema de su predilección para analizar que no necesariamente en política pública goza de una estrategia bien planteada: salud, educación, economía, seguridad pública, ayuda al campo, político-electoral, pobreza, bueno hasta comunicación efectiva, y otros tantos más, en los que no vemos un orden establecido para siquiera socializarlos adecuadamente, es decir ¿Falta estrategia en principio, durante o después? Es pregunta; ahora que, si se han establecido ¿Por qué no vemos resultados óptimos? ¿A quiénes responsabilizamos?
Que no será mejor construir paso a paso y crear acciones constructivas en bien de las instituciones todas, organizaciones, y el complejo empresarial, es decir crear la practica diaria de la gobernanza atractiva de lo que debe ser, generar actos de consenso, de negociación en aras de encontrar acuerdos consolidados en lugar de eventos de división; más bien edificar estructuras de mando eficaz con diferencias de roles, con capacidad de sostener el equipo en la inteligencia de una mentalidad ejecutiva bien definida.
Ante ello, el trabajo profesional se hace por procesos, buscar el planteamiento del problema y entonces planear el cómo resolverlo de origen y causas midiendo las consecuencias y precisando los aportes de solución en lo inmediato y luego en lo futuro, hay que administrar las ideas con total certidumbre abarcando todo con liderazgo y con apertura al desafío, asumiendo el compromiso para crecer logrando equilibrios asumiendo el control, justo ahí se utiliza la estrategia planeada con objetivos claros, sin sesgos y prejuicios, con actitud positiva en bien de sumar, cuyo fin sea la obtención de sinergias; México necesita sensiblemente de excelentes estrategias para que sean resueltos los grandes problemas, que al parecer van in crescendo en el complejo aparato gubernamental.
Sin buscar culpables, culpas o disculpas que pueden estar disponibles ante la justificación de la opinión pública, y ante la inoperancia de resultados con certeza; es menester ponderar desde una perspectiva de buena práctica analizar e identificar con conciencia, dentro del marco normativo los riesgos y necesidades que hoy día tenemos, con la voluntad de actuar con decisión en el justo medio, y protegiendo el patrimonio de todo ciudadano: vida, propiedad y libertad.
Por lo que, el quehacer del andamiaje de trabajo asiduo es concentrarse en administrar estrategias minimizando riesgos en la medida de lo posible y lo deseable integrar ideas de pronta solución y con ganas de atender a los grandes problemas del país entero, hay que reconocerlos y buscar alternativas pragmáticas. ¡Sur sum corda!



