Por Luis Ángeles
Ex presidente del Colegio Nacional de Economistas y Articulista de La Jornada
Las decisiones económicas no se toman sólo con datos, sino que hay factores subjetivos como el miedo o la fe que están detrás de consumidores, inversionistas y economistas. Creencias, como todo lo que sube baja, las acciones tecnológicas nunca bajan, los bienes raíces siempre van al alza, las grandes empresas no quiebran, la IA nos quitará los empleos, compra tierra porque han dejado de producirla, los hombres son todos iguales, etcétera; constituyen mitos que suelen generar pánicos, estampidas, burbujas, devaluaciones o especulaciones.
Para Robert J. Shiller, Nobel de Economía, de la Universidad de Yale y autor del libro “Narrativas Económicas”, el mundo es una trama de relatos y percepciones colectivas que se contagian, y que no sólo tienen impacto en el vecindario, sino que se propagan de manera viral y terminan por profundizar o prolongar los ciclos económicos.
La Economía es expresión de la etérea condición humana; las personas actúan respaldadas en historias fáciles de repetir: leyenda, fábula, parábola o explicación inverosímil, donde la más elemental suele ser la más influyente. Somos Homo narrativus, cuyo reduccionismo hace atractivas las inferencias a quienes carecen de información, ante el riesgo de que puedan convertirse en paradigmas.
Las tesis de Shiller pueden ayudar a predecir crisis, recesiones y booms, por lo que las narrativas debieran incorporarse en modelos macroeconómicos a través de la variable “confianza”; ese concepto que no aparece en las cuentas nacionales, pero determina sus resultados, es factor constante de producción y base del capital social.
Reconocer la narrativa económica en las políticas públicas, debiera ser un imperativo de gobiernos e instituciones para desarrollar herramientas que monitoreen el contagio en medios y redes, permitan conocer mejor las expectativas y prever los ciclos, si no es que también potenciar a un buen líder o hacerlo parecer ineficiente, mover a los votantes, a los clientes o a los empresarios. Por supuesto, desmentir una narrativa puede reforzarla. Es preciso que formuladores de políticas comprendan el potencial de las narrativas, porque si quieren acertar en decisiones estratégicas, como dice Shiller, tienen que escuchar a la gente, dado que siempre, lo afirmaba Keynes, “es mejor estar aproximadamente en lo correcto que exactamente equivocado”. IMAGEN “ Narrativas Económicas”, aportes de un Premio Nobel.




