Las lecciones del proceso del TMEC II.
Por Agustín Aguilar Jiménez
Internacionalista y profesor universitario
En el transcurso de los próximos tres meses deberá llevarse a cabo la revisión del mecanismo de integración económica de América del Norte, el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC). Ante la inminencia de este proceso es importante recordar el contexto y la problemática de la negociación que concluyó hace 6 años y las lecciones que se pueden derivar de dicha experiencia para el momento actual.
Desde el año 2016, en la campaña presidencial de Estados Unidos, el candidato Donald Trump incluyó dentro de su discurso político la promesa de cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), calificándolo como «el peor acuerdo comercial de la historia». Argumentaba que los déficits comerciales con Canadá y México constituían una especie de robo a su país. Posteriormente, ya en la presidencia, en el año 2017, Trump propuso la renegociación del TLCAN e impuso en la agenda política de los 3 países la necesidad de sustituirlo por un nuevo acuerdo.
El proceso de sustitución del TLCAN por un nuevo acuerdo comercial se llevó a cabo en un contexto complicado y de incertidumbre. En el año 2017 Estados Unidos se retiró del TPP, Acuerdo Transpacífico de Cooperación, del que México y Canadá formaban parte. Asimismo, Trump optó por acuerdos bilaterales, firmando nuevos tratados con Corea del Sur y Japón. Adicionalmente, el gobierno de Trump no llevó a cabo ningún esfuerzo por revitalizar a la Organización Mundial de Comercio (OMC); por el contrario, obstaculizó su funcionamiento. Sin embargo, lo más relevante de dicho proceso fue que desde su inicio, el presidente Donald Trump amenazó con que su gobierno abandonaría el TLCAN a menos que la nueva negociación propiciara como resultado un acuerdo que diera beneficios adicionales para los Estados Unidos.
Para México y para Canadá la renegociación comercial, se puede decir, fue un trabajo de contención, ya que el riesgo de no aceptarla probablemente habría conducido a la finalización del proceso de integración económica formal en América del Norte. Asimismo, si bien ambos países identificaron riesgos de llevar a cabo una nueva negociación, al aceptarla y concluirla, pudieron preservar algunos beneficios comerciales en el contexto de un mundo mucho más restrictivo en materia de relaciones económicas internacionales y de un Estados Unidos caracterizado por la implementación de políticas comerciales proteccionistas.
El 1 de julio de 2020 entró en vigor el TMEC sustituyendo al TLCAN. El nuevo pacto económico eliminó de su nombre las palabras “Acuerdo de Libre Comercio” así como la noción de América del Norte, ello a solicitud del gobierno estadounidense. El resultado de la negociación fue entonces un acuerdo que simplemente actualizó lo establecido 25 años antes en el TLCAN ya que no introdujo una nueva liberalización del comercio y la inversión, sino que, por el contrario, impuso nuevas restricciones que limitaron las relaciones comerciales en comparación con la era del TLCAN, por ejemplo, en el acceso a licitaciones de contratos gubernamentales estadounidenses, endurecimiento de reglas en el ramo automotriz y nuevas disposiciones en materia laboral.
Aun así, la conclusión de la negociación y la implementación del TMEC no solo logró conjurar las amenazas de Donald Trump de frenar e incluso eliminar el proceso de integración en América del Norte, sino que también permitió dar por terminado un periodo de incertidumbre, tener nuevamente certeza para los actores económicos de los 3 países y retener los elementos clave de la relación comercial trilateral.
Ante el proceso de revisión actual del TMEC puede ser valioso tomar en consideración algunas de las lecciones de la negociación de hace 7 u 8 años.
En primera instancia que el proceso de integración comercial en América del Norte ha generado una interdependencia económica tan fuerte entre Estados Unidos y Canadá y entre México y Estados Unidos que hace prácticamente imposible romper el proceso de integración norteamericana. Es decir, para los 3 países el costo de romper esta relación es mucho mayor que el costo que implica el mantener la relación. Por el contrario, y más allá de la retórica estadounidense, la integración formal aporta grandes beneficios a las economías, sociedades e incluso los gobiernos de los 3 países.
En el proceso de negociación del TMEC en 2017 y 2018, la retórica amenazante de Trump fue más fuerte e insistente que en la actualidad. Recientemente Trump ha calificado al TMEC como irrelevante para Estados Unidos; ha señalado que México y Canadá no están respetando el acuerdo, por lo que ha planteado la posibilidad de dejarlo expirar para forzar al logro de mejores condiciones para su país. Trump no solo ha sido menos insistente que en el pasado, sino que ahora sabemos que en estas posturas hay más retórica que amenazas reales. Recordemos el acrónimo sobre Trump conocido como TACO (“Trump always chickens out” es decir, la idea que Trump siempre acaba por acobardarse o echarse para atrás ante sus propias amenazas). En otras palabras, debemos tener menos temor que en procesos anteriores.
Una tercera lección es que, ante lo visto hace 8 años, a Estados Unidos parece convenirle negociaciones bilaterales (Estados Unidos-Canadá y Estados Unidos México) más que negociaciones trilaterales. Si bien hay algunos asuntos específicos que deben tratarse en los planos bilaterales, la presentación de frentes comunes de México y Canadá ante Estados Unidos, por la asimetría entre los países, puede ser más valiosa ahora que en el pasado.



