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El quinto poder: cuando los mercados sustituyen a la democracia

Por Jorge Cabrera

Maestría en Economía y Política Internacional. CIDE

 En el segundo mandato de Donald Trump, el sistema de contrapesos de Estados Unidos atraviesa una anomalía histórica. Con un Congreso alineado, una oposición debilitada y un poder judicial sometido a presiones políticas constantes, el cuarto poder —la prensa— ha dejado de ser un freno efectivo. 

La prensa, desacreditada desde el poder, atrapada en la polarización y con impacto cada vez menor sobre las decisiones del Ejecutivo, su función de vigilancia se ha erosionado. En ese vacío ha emergido un actor inesperado y profundamente problemático: los mercados financieros, el nuevo quinto poder.

El patrón es claro y verificable. Cada anuncio de aranceles amplios —contra México, Canadá, China o la Unión Europea— ha provocado reacciones inmediatas en los mercados. En 2025, tras varias amenazas comerciales, los principales índices bursátiles de Estados Unidos registraron caídas abruptas que borraron cientos de miles de millones de dólares en capitalización en cuestión de días. Al mismo tiempo, el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años subió entre 30 y 50 puntos base en lapsos muy cortos, elevando el costo de la deuda pública y enviando una señal inequívoca al poder político.

La presión no vino solo de Wall Street. Entre finales de 2025 y enero de 2026, fondos institucionales europeos redujeron su exposición a bonos estadounidenses. No fue una venta masiva, pero sí un gesto político-financiero claro: la confianza en la estabilidad institucional de Estados Unidos ya no es incuestionable.

La respuesta presidencial se repitió como reflejo. Tras los desplomes bursátiles y la tensión en el mercado de deuda, la Casa Blanca anunció pausas, excepciones o revisiones técnicas de los aranceles, en algunos casos en menos de una semana. No fue el Congreso. No fueron los tribunales. Tampoco fue la prensa. Fue el mercado.

Este es el núcleo del quinto poder: no representa ciudadanos, no rinde cuentas y no defiende valores democráticos. Castiga cuando el riesgo financiero aumenta. La paradoja es inquietante: cuando el cuarto poder ya no logra contener al Ejecutivo y las instituciones fallan, el límite real al autoritarismo no lo imponen las leyes, sino el capital.

El problema no es que los mercados frenen decisiones económicas imprudentes. El problema es que sean el único freno visible. Porque el quinto poder actúa cuando tiemblan las bolsas, pero permanece indiferente cuando el deterioro democrático no afecta los rendimientos.

Y eso debería preocupar mucho más que cualquier caída bursátil.

 

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