NOTA DEL EDITOR
Alfonso Gómez Godínez
Entender la ciudad ha sido una constante. Tenemos a Praga como fascinación de Franz Kafka. Recordemos la intimidad de Jorge Luis Borges con Buenos Aires. Observando a Mario Benedetti en su romance con Montevideo y su barrio de Capurro. En las ciudades se condensan almas y Miguel de Unamuno afirmaba que, en su natal Bilbao, su alma “está hecha de hierro y niebla”.
Guadalajara tiene alma que requiere reencontrarse diariamente en el ánimo y sentido de vida de su gente. En el aniversario 484 de su fundación, es justo motivo para creer y seguir trabajando por su grandeza. No olvidar que, con determinación y sacrificio, pero al final un 14 de febrero se encontró el sitio final y propicio para su fundación. Beatriz Hernández adelantaba los tiempos y marcó la trascendencia de las mujeres tapatías.
Como capital de la Nueva Galicia reclamamos desde muy temprano el derecho a construir nuestro propio destino ante los designios centralistas de la Nueva España. Siglos después, nos marcaran como la cuna del Federalismo mexicano. Sus tradicionales barrios indígenas (Mezquitán, Mexicaltzingo y Analco) serán determinantes en la fisonomía de la capital jalisciense, de su mestizaje, costumbres y tradiciones. Fray Antonio Alcalde venido de la Provincia de Castilla la Vieja, España, sembró en esta tierra lo más trascendente de su vida.
Historia intensa. Es en Guadalajara donde Hidalgo declara la abolición de la esclavitud. Grandes liberales del siglo XIX como Valentín Gómez Farías (coincidentemente nació un 14 de febrero), Mariano Otero, Ignacio Luis Vallarta nacieron, caminaron en esta ciudad y se proyectaron con sus ideas y obras al firmamento nacional.
En nuestro origen fuimos fuertemente moldeados por el catolicismo. Lo anterior alimentó costumbres, hábitos y comportamientos en la vida cotidiana de sus habitantes, estrictas al principio, hoy se han relajado de acuerdo a las circunstancias de la vida material.
Guadalajara ha sido terreno fértil para idearios, creencias distintas o contrarias al pensamiento liberal. Convicciones en torno a Dios, la familia, el papel del clero en la sociedad que sostienen amplios sectores de nuestra sociedad, nos reclaman apertura, tolerancia y convivencia. Aparte de los tapatíos por nacimiento, se conviven con múltiples vecinos provenientes de otras latitudes y raíces distintas. La diversidad se enraizó en la comunidad tapatía.
Cuidad de comerciantes que al paso del tiempo vio transformada su vida económica. Con paso lento pero consistente la micro y pequeña industria empezó a sentar sus reales a la par que la ciudad extendía su dimensión. De manera inexorable su economía sigue cambiando, lo mismo que su fisonomía urbana. Viejas y nuevas realidades se entrelazan. Lo viejo y lo nuevo, lo pequeño con lo grande, la tradición con la modernidad. El barrio y lo metropolitano.
Su aniversario es también ocasión propicia para vislumbrar el futuro de nuestra ciudad. Mirar con prospectiva, actuar proactivamente, planear y decidir pensando en el bien común.
En la ruta hacia el futuro, no cabe duda, que el diálogo y la convivencia es un imperativo. Eso implica retomar el entusiasmo social por recrear nuestra casa mayor, su cuidado, mantenimiento y permanente reconstrucción. Las y los tapatíos tenemos el alma para eso y mucho más.



