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484 años después, Guadalajara se redefine

Por Diana Isabel Camacho Espinoza

Economista

El pasado 14 de febrero, la ciudad de Guadalajara conmemoró su aniversario de fundación, como cada año, recordando 484 años de historia. Sin embargo, más allá de la cifra, vale la pena detenernos a reflexionar qué significa hoy cumplir años como ciudad. Porque las ciudades, a diferencia de las personas, no envejecen únicamente con el paso del tiempo: se transforman —o se rezagan— a partir de las decisiones que toman.

Guadalajara no es ya la ciudad concebida en el siglo XVI, ni siquiera la que conocimos hace apenas dos o tres décadas. Hoy es el corazón de una zona metropolitana compleja y diversa, profundamente desigual, pero también con una enorme capacidad productiva y estratégica para el país. Por ello, resulta pertinente cuestionarnos: ¿hacia dónde nos dirigimos?, ¿cómo se redefine hoy esta ciudad?

Parte de esa redefinición pasa, inevitablemente, por su estructura económica. En los últimos años, la innovación y la industria tecnológica se han consolidado como uno de los pilares más relevantes de la economía jalisciense. Jalisco concentra más del 70% de la industria electrónica del país, de acuerdo con información de la Secretaría de Desarrollo Económico (SEDECO) del estado y de organismos empresariales como INDEX Jalisco, lo que posiciona a Guadalajara como un nodo estratégico dentro de las cadenas de valor de la manufactura avanzada en México.

Este dinamismo no solo se refleja en la atracción de inversión, sino también en la generación de empleo calificado. Datos del INEGI y del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG) muestran que el sector tecnológico es uno de los principales generadores de empleo especializado en el estado, con una alta participación de jóvenes profesionistas e ingenieros. Esta combinación de talento, industria y academia ha permitido que Guadalajara sea reconocida como un ecosistema de innovación donde convergen universidades, centros de investigación y empresas nacionales e internacionales.

No obstante, el reto no radica únicamente en consolidar clústeres industriales o atraer capital, sino en lograr que este crecimiento económico se traduzca en desarrollo urbano y social sostenible. La expansión de la industria tecnológica exige infraestructura adecuada, políticas públicas de largo plazo y una ciudad capaz de absorber el crecimiento sin profundizar las desigualdades existentes. Cuando la innovación avanza más rápido que la planeación urbana, el resultado suele ser una ciudad más productiva, pero también más costosa y excluyente.

En este proceso de redefinición, la juventud ocupa un lugar central. Guadalajara es una ciudad joven, no solo por la composición de su población, sino por el papel que las juventudes desempeñan en su economía, su cultura y su vida política. Sin embargo, con frecuencia su participación se reduce a una narrativa simbólica, sin incorporarlas plenamente en los espacios donde se toman las decisiones.

Las juventudes no son únicamente una promesa futura: son fuerza laboral, emprendedoras, generadoras de innovación y agentes activos de cambio político. Al mismo tiempo, son quienes enfrentan de manera más directa el encarecimiento de la vivienda, la precarización laboral y la falta de espacios reales de participación. Ignorar esta realidad no solo es injusto, sino económicamente insostenible. Una ciudad que expulsa a sus jóvenes por falta de oportunidades compromete su propio futuro.

A 484 años de su fundación, Guadalajara no envejece: se redefine. Y en esa redefinición, lo que está en juego no es su pasado, sino lo que queremos construir como ciudad en el futuro.La pregunta ya no es cuántos años cumple Guadalajara, sino qué tipo de ciudad decide ser a partir de ahora.

 

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