¿Impulso económico y alivio de deuda… o un peligro para EE.UU. y México?
Por Eduardo Gómez de la O
Presidente de la Asociación
Mexicana de Gasto Público AC
En los mercados monetarios globales, un fenómeno inusual domina las conversaciones a finales de enero de 2026: la depreciación acelerada y aparentemente tolerada del dólar estadounidense (USD). El índice DXY, que mide el valor del dólar frente a una canasta de monedas principales, ha tocado mínimos de cuatro años alrededor de 95.86 – 96.39, tras una caída acumulada superior al 10% en 2025 y un adicional 2-3% en lo que va del año. Esta debilidad no es accidental; responde a una estrategia explícita de la administración de Donald Trump, quien ha calificado repetidamente la caída del dólar como «great» para los negocios estadounidenses, descartando preocupaciones sobre su declive excesivo.
Trump ha reiterado en múltiples ocasiones su preferencia por un dólar más débil, argumentando que beneficia a los exportadores, acelera el crecimiento manufacturero y contrarresta las ventajas competitivas de rivales como China y la Unión Europea. En comentarios recientes a reporteros, Trump afirmó: «No, I think it’s great, the value of the dollar… the dollar’s doing great» (No, creo que es genial. El valor del dólar… el dólar está haciendo un gran trabajo), minimizando el impacto negativo y enfocándose en cómo un tipo de cambio más competitivo impulsa las exportaciones y el empleo en sectores clave, esta postura marca un giro respecto a la tradición de «strong dollar policy» de administraciones anteriores, aunque el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha intentado matizarla reafirmando una preferencia formal por un dólar fuerte basado en «fundamentados sólidos».
Desde la Teoría Monetaria: Cómo un dólar débil estimula la economía y erosiona la deuda
La aproximación de Trump se fundamenta en principios clave de la teoría monetaria en economías abiertas.
Primero, la condición de Marshall-Lerner establece que una depreciación de la moneda mejora la balanza comercial si la suma de las elasticidades-precio de la demanda de exportaciones e importaciones supera la unidad. En el caso de EE.UU., con un déficit comercial crónico que ronda los 800-900 mil millones de dólares anuales, un dólar más débil abarata los bienes estadounidenses en el exterior (aumentando exportaciones) y encarece las importaciones (reduciendo su demanda). Esto eleva las exportaciones netas, expandiendo la curva IS (Inversión-Ahorro) en el modelo Mundell-Fleming y estimulando el PIB a través del multiplicador keynesiano.
Segundo, la depreciación genera inflación importada moderada, que erosiona el valor real de la deuda pública, que supera los 38 billones de dólares. En un contexto de dominancia fiscal (donde el gobierno prioriza el estímulo sobre la austeridad), esta «devaluación real» reduce la carga de la deuda sin necesidad de recortes drásticos en gasto o aumentos de impuestos. Trump y asesores como Stephen Miran han explorado ideas similares, incluyendo propuestas de un «Mar-a-Lago Accord» inspirado en el Plaza Accord de 1985, para coordinar una depreciación ordenada del dólar y reducir déficits comerciales.
Evidencia real respalda estos mecanismos: exportadores como Caterpillar han reportado ganancias gracias a productos más competitivos; el crecimiento del PIB se mantiene sólido (alrededor del 2.8% anualizado en trimestres recientes), y commodities como el oro han alcanzado máximos históricos por el «flight to safety» ante incertidumbre. Sin embargo, la caída del DXY se acelera tras comentarios de Trump, lo que sugiere que los mercados interpretan su tolerancia como una señal de política deliberada.
El Rol de la Fed: apoyo global a través del yen y prevención de recesión
La Reserva Federal (FED) parece respaldar implícitamente esta dinámica mediante señales de intervención en el yen japonés (JPY). Rumores intensos de «rate checks» (consultas de tasas) por parte del New York Fed a bancos sobre USD/JPY (realizadas a petición de Japón) han fortalecido el yen más del 3-4% en sesiones clave, llevando el par USD/JPY por debajo de 153-154 desde máximos cercanos a 159. Aunque Bessent negó intervenciones directas («absolutely not» interviniendo para apoyar el yen), estas consultas se interpretan como precursoras de acción coordinada FED-BoJ, un evento raro no visto en más de 15 años.
Teóricamente, esta dinámica busca prevenir un “carry trade unwind” desordenado y potencialmente catastrófico, los inversores globales han pedido prestado masivamente en yenes japoneses a tasas ultrabajas (actualmente alrededor del 0.75% por parte del Banco de Japón) para invertir en activos de mayor rendimiento en otras economías, como bonos estadounidenses, emergentes o incluso CETES mexicanos. Un yen excesivamente débil eleva los rendimientos de los bonos japoneses (JGB), obliga a los inversores a repatriar capital de forma precipitada y dispara las tasas de interés mundiales, lo que podría desencadenar una recesión global —como se vio en el violento desenrollado de agosto de 2024.
Al facilitar (o al menos tolerar) compras de yenes mediante la venta de dólares, la Reserva Federal inyecta liquidez adicional al sistema financiero internacional, estabiliza los mercados de bonos y evita un contagio sistémico. Esta maniobra se alinea perfectamente con la preferencia explícita de la administración Trump por un dólar más débil, ya que permite debilitar la moneda estadounidense sin necesidad de recortes agresivos en las tasas de interés de la FED (una combinación que estimula exportaciones y crecimiento sin ceder control monetario directo).
Analistas de ING, Reuters y otras firmas destacan que las recientes “rate checks” del New York FED han roto el “one-way market” del yen (un movimiento unidireccional de depreciación), forzando a los especuladores a cubrir posiciones cortas y generando un rebote significativo del JPY. Sin embargo, la intervención plena (ya sea unilateral por Japón o coordinada con EE.UU.) sigue siendo incierta, ya que los umbrales para una acción oficial directa son altos y las autoridades prefieren, por ahora, señales disuasorias que disciplinen al mercado sin agotar reservas ni escalar tensiones políticas.
Los Riesgos Graves: inflación, pérdida de confianza y crisis para EE.UU. y mercados globales
Esta política heterodoxa conlleva riesgos sustanciales. Para EE.UU., un dólar excesivamente débil, erosiona su estatus de moneda de reserva, reduciendo demanda de Treasuries y elevando costos de financiamiento. La inflación importada podría persistir, forzando a la FED a endurecer política y provocando recesión. Geopolíticamente, genera desconfianza: ataques a la independencia de la FED, déficits fiscales crecientes y rupturas con aliados aceleran la «de-dollarization», con inversores diversificando hacia oro y alternativas. Expertos como Barry Eichengreen advierten de una «crisis de confianza» similar a escenarios de devaluación fiscal, donde depreciación desordenada eleva tasas y congela crédito.
La administración Trump ejecuta una estrategia monetaria audaz: depreciar el dólar para estimular exportaciones, erosionar deuda y «calentar» la economía, con apoyo implícito de la FED en estabilizar aliados como Japón. Funciona en teoría marshall-lerneriana y keynesiana, con evidencia en la caída del DXY, rally del yen y beneficios exportadores.
Para los mercados globales, esta política amplifica la volatilidad de forma estructural y peligrosa, los carry trades (esos flujos masivos que buscan el diferencial de tasas) se revierten de manera abrupta y en cascada cuando el yen se fortalece o el dólar toca fondo inesperado, generando ventas pánico en activos de riesgo y monedas emergentes. Los commodities, en particular el oro, han escalado a picos históricos por encima de los $5,000 la onza en momentos de máxima incertidumbre, actuando como refugio frente a la erosión percibida del dólar como reserva de valor. Las monedas de economías emergentes, desde el peso mexicano hasta el real brasileño o la rupia india, experimentan swings violentos: suben con la debilidad del dólar, pero caen con igual rapidez cuando los inversores japoneses y globales cierran posiciones para cubrir deudas en yenes.
Al mismo tiempo, el llamado “debasement trade” (la apuesta sistemática contra la estabilidad a largo plazo del dólar) ha ganado fuerza entre hedge funds y especuladores institucionales, alimentado por la retórica de Trump y las señales de intervención de la FED. Sin embargo, el reverso de esta moneda es tan peligroso como atractivo: un rebote abrupto del dólar (por sorpresa hawkish de la FED, escalada geopolítica o simple toma de ganancias) podría desencadenar un pánico generalizado, con liquidaciones forzadas, caídas en bolsa, spreads de crédito ampliándose y un contagio que afectaría desde Wall Street hasta los mercados de deuda soberana de América Latina y Asia emergente.
Impacto en México: el superpeso y la amenaza de reversión del “carry trade”
En México, la depreciación sostenida del dólar estadounidense (USD) ha impulsado una apreciación notable del peso mexicano (MXN), llevando el par USD/MXN a cotizar en un rango estrecho de 17.11 a 17.35 pesos durante las sesiones recientes (niveles que representan mínimos no vistos desde mediados de 2024). Según datos del Banco de México (Banxico), el FIX se ubicó alrededor de 17.25 al 29 de enero de 2026, mientras que el tipo de cambio de cierre de jornada y cotizaciones interbancarias han fluctuado entre 17.11 y 17.23 en las últimas horas, reflejando una fortaleza persistente del “superpeso” impulsada por la debilidad global del dólar.
Este movimiento genera efectos mixtos en la economía real. Por un lado, reduce la inflación importada al abaratar bienes y servicios denominados en dólares (como combustibles, electrónicos y materias primas), actuando como un amortiguador clave para mantener la inflación general dentro del rango meta de Banxico (3% ±1%). Por otro, perjudica significativamente las remesas familiares, que representan un pilar para millones de hogares: al apreciarse el peso, cada dólar enviado desde Estados Unidos se convierte en menos pesos al cambiarlo, erosionando el poder adquisitivo local de estos flujos (que en 2025 superaron los 60 mil millones de dólares nominales, pero pierden valor real con un MXN fuerte). Al mismo tiempo, la dinámica atrae flujos masivos de carry trade: inversores globales aprovechan el yen japonés barato (tasas del BoJ en torno al 0.75%) para financiar posiciones en activos mexicanos de alto rendimiento, como los CETES que ofrecen alrededor del 10%, reforzando aún más la demanda de pesos.
Sin embargo, este atractivo carry trade encierra un riesgo latente y de alto impacto: la reversión abrupta (“unwind”). Si el yen se fortalece de forma repentina (por intervenciones coordinadas entre la FED y el Banco de Japón (BoJ), alzas adicionales de tasas en Tokio o simple toma de ganancias), el costo de mantener esas posiciones se eleva drásticamente. Los inversores se ven obligados a cerrarlas de manera precipitada: recompran yenes para saldar deudas y venden masivamente activos en MXN, lo que puede generar una depreciación rápida y violenta del peso. HSBC ha identificado explícitamente a México (junto con Malasia y Chile) como uno de los mercados emergentes más expuestos a repatriaciones de capital japonés, dada la sobredimensión de sus tenencias en bonos y acciones mexicanas por parte de inversores institucionales nipones.
Aunque el peso ha demostrado resiliencia gracias al nearshoring sostenido, las tasas altas del Banxico y el diferencial de rendimientos atractivo, analistas coinciden en que es vulnerable a este tipo de shocks externos, especialmente en un contexto de revisión del T-MEC a mediados de 2026 y amenazas arancelarias persistentes desde la administración Trump. Las proyecciones para el año apuntan a una mayor volatilidad: si se materializa un unwind significativo del carry trade, el USD/MXN podría escalar rápidamente hacia el rango de 18-20 pesos (o incluso más en escenarios de estrés), limitando las ganancias acumuladas del “superpeso” y presionando a exportadores manufactureros, turismo y sectores sensibles al tipo de cambio. En resumen, lo que hoy parece un viento a favor macroeconómico podría convertirse rápidamente en una fuente de inestabilidad si el carry trade global cambia de dirección.
Conclusión: un experimento audaz con consecuencias globales inciertas
La administración Trump ejecuta una estrategia monetaria audaz: depreciar el dólar para estimular exportaciones, erosionar deuda y «calentar» la economía, con apoyo implícito de la FED en estabilizar aliados como Japón. Funciona en teoría marshall-lerneriana y keynesiana, con evidencia en la caída del DXY, rally del yen y beneficios exportadores. Pero los riesgos (inflación persistente, pérdida de confianza global, reversión de carry trades y contagio a emergentes como México) podrían convertir este «viento a favor» en tormenta financiera. Los mercados permanecen en alerta máxima, con volatilidad elevada por la intersección de política, intervención y dinámicas globales, el experimento de Trump podría redefinir el orden monetario mundial… o desestabilizarlo irreversiblemente.




