Opinión Política
OPINIÓN

¿Qué contiene el Códice Florentino?

Por Juan Raúl Gutiérrez Zaragoza

Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana

Doctorante en Filosofía por la Universidad Autónoma de Guadalajara

Parte 3 (final)

Es una enciclopedia de 12 libros, organizada de manera sistemática, que abarca: Religión mexica, Deidades y rituales; Sacrificios humanos y canibalismo ritual; Historia y mitología; Guerra y educación; Medicina y herbolaria; Fauna, flora y minerales; Vida cotidiana, oficios, mercados, moralidad y “conquista” desde la perspectiva indígena. Pareciera que es la fuente más completa para entender la cosmovisión mexica.

¿Por qué es tan importante? Porque fue elaborado con la participación directa de sabios nahuas, no solo por españoles; conserva la voz indígena, especialmente en los textos en náhuatl; es una obra etnográfica única en el mundo, comparable a una “enciclopedia” mesoamericana y documenta prácticas rituales, incluyendo sacrificios humanos, con un nivel de detalle que coincide con la arqueología moderna.

¿Qué dice sobre sacrificios humanos y canibalismo ritual? Esta obra describe la extracción del corazón (tlacatlaolli), la decapitación, el desollamiento (fiesta de Tlacaxipehualiztli), los sacrificios gladiatorios, los sacrificios infantiles (Tlaloc), los banquetes rituales donde se consumían partes del cuerpo de las víctimas y la función cosmológica del sacrificio para alimentar al sol. Estas descripciones coinciden con: el Códice Mendoza, las crónicas indígenas, los informes de conquistadores y los hallazgos arqueológicos del Templo Mayor, por eso es una fuente central para demostrar la existencia del sacrificio humano y el canibalismo ritual mexica. El manuscrito original se encuentra en la Biblioteca Medicea Laurenziana, en Florencia, Italia. De ahí su nombre: Códice Florentino.

De esta breve descripción, se comprueba lo que señalé en un principio, y que vale la pena traerlo de nuevo, que el Códice Florentino es una enciclopedia mesoamericana escrita por sabios nahuas y coordinada por Sahagún, que documenta con precisión la religión, la vida cotidiana y los rituales mexicas, incluyendo el sacrificio humano y el canibalismo ceremonial, y constituye una de las fuentes más importantes para comprender la grandeza y complejidad del mundo indígena prehispánico.

 

Códice Mendoza (1542–1543)

Fue encargado por el virrey Antonio de Mendoza alrededor de 1542–1543, pero fue elaborado por tlacuilos (escribas-pintores indígenas) que registraron la información en forma pictográfica. Posteriormente, se añadieron textos explicativos en castellano para que el documento pudiera ser enviado al rey Carlos V. El objetivo del virrey era mostrar al rey la organización política, tributaria y militar del imperio mexica; documentar la vida cotidiana y las prácticas culturales; registrar la estructura tributaria para fines administrativos coloniales.

El códice tiene tres secciones: a) Historia de los gobernantes mexicas y sus conquistas, b) Tributos que cada provincia entregaba a Tenochtitlan,c) Vida cotidiana y educación de los mexicas. Representa prisioneros sacrificados, cuerpos rodando por las escalinatas y la distribución ritual de carne entre templos y nobles. Se encuentra actualmente en la Bibiloteca Bodleiana de la Universidad de Oxford en Reino Unido.

 

Crónicas indígenas y novohispanas

Dentro de estas destaco a Durán (1581), describe sacrificios, tzompantlis y consumo ritual y Torquemada (1615) detalla ceremonias y banquetes rituales. Estas crónicas se basan en testimonios puramente indígenas.

 Informes de conquistadores. Aunque escritos desde una perspectiva cristiana, coinciden en los elementos básicos: Hernán Cortés, Cartas de relación, Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, ambos describen altares ensangrentados, cráneos empalados, cuerpos desmembrados, restos humanos cocinados o preparados ritualmente.

Estudios arqueológicos y hallazgos del Templo Mayor. El Proyecto Templo Mayor, dirigido por los destacados arqueólogo y antropólogo Eduardo Matos Moctezuma y continuado por el también arqueólogo Leonardo López Luján, ha encontrado restos humanos con marcas de corte, huesos hervidos o cocidos, desarticulación ritual, ofrendas con cráneos perforados, tzompantlis completos, depósitos ceremoniales con cuerpos sacrificado. Estos hallazgos confirman materialmente lo descrito en códices y crónicas.

Historiadores y antropólogos modernos como Inga Clendinnen, Davíd Carrasco, Alfredo López Austin, Michael Harner, Ross Hassig,coinciden en que el sacrificio humano era central en la ideología mexica, el canibalismo ritual existió en contextos específicos, la guerra servía para obtener prisioneros destinados al sacrificio.

Interpretación religiosa. El sacrificio no era “crueldad gratuita”, sino parte de una cosmología donde la sangre y la carne humana alimentaban al sol. El culto a Huitzilopochtli, dios solar y guerrero, exigía sacrificios constantes para sostener el cosmos. En contraste, Quetzalcóatl, deidad más antigua y extendida, representaba conocimiento, equilibrio y fertilidad. Su desplazamiento por Huitzilopochtli refleja un giro hacia una ideología más militarista.

Contra el “aztequicentrismo”: recuperar la verdadera grandeza indígena

Así las cosas, reducir el indigenismo prehispánico a lo “azteca” es una distorsión histórica. Antes de los mexicas existieron olmecas, cuicuilquenses, teotihuacanos, zapotecos, mayas, toltecas, mixtecos, huastecos, purépechas y muchos otros pueblos que construyeron los cimientos de la civilización mesoamericana. La grandeza indígena de las épocas descritas no es un monolito ni un logotipo comercial, (por citar ejemplos cotidianos, hay nombres “azteca” en bancos, estadios, molinos, tortillas, empresas de alimentos, compañías de servicios, hoteles, festivales, productos de belleza, restaurantes, bueno hasta la selección de futbol mexicana se le conoce como “azteca”) es una historia larga, diversa y profundamente sofisticada que merece ser contada en toda su amplitud.

 

Conclusión

Reconocer la magnificencia mesoamericana exige mirar más allá del mito azteca. Reducir la riqueza indígena, antes de los españoles, únicamente a los mexicas -y peor aún, a la etiqueta comercial de “aztecas”- no es solo un error de enfoque, es una muestra clara de pobreza histórica, intelectual y académica. Es mirar más de dos mil años de civilizaciones complejas a través de la rendija más estrecha y tardía de toda la historia mesoamericana. Es confundir la parte con el todo y convertir un episodio final en la representación completa de un proceso vasto, diverso y profundamente sofisticado.

Esta visión superficial no solo empobrece la comprensión del pasado, produce inexactitudes, distorsiona la memoria colectiva y abre la puerta a la manipulación de las masas. Cuando se simplifica la historia hasta convertirla en un logotipo -“azteca”- se borran los aportes de olmecas, teotihuacanos, zapotecos, mayas, toltecas, mixtecos, huastecos, purépechas y muchos otros pueblos que construyeron, durante milenios, los cimientos de la civilización mesoamericana. Se pierde la profundidad, la pluralidad y la riqueza de un legado que no puede reducirse a un solo imperio tardío.

Hablar solo de aztecas es renunciar a la complejidad, es aceptar una historia mutilada, cómoda para el consumo masivo pero incapaz de explicar la verdadera grandeza indígena prehispánica. Es, en última instancia, perpetuar una narrativa empobrecida que reduce la diversidad mesoamericana a un símbolo fácil de vender, pero incapaz de sostener una comprensión seria del pasado.

Por eso, recuperar la grandeza mesoamericana implica desmontar el aztequicentrismo y ampliar la mirada con rigor y compromiso con la verdad histórica, solo así podremos honrar la diversidad de los pueblos originarios y comprender, en toda su magnitud, el legado que aún hoy sigue dando forma a México. Solo así podremos ver, con claridad y justicia, la verdadera profundidad de las civilizaciones que antecedieron al Estado mexicano y que siguen vivas en su identidad cultural.

 

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