Opinión Política
ANÁLISIS

Hacia un nuevo tratado comercial con Estados Unidos y Canadá: un tortuoso camino 1

En julio del presente año deberá haber concluido la revisión del Tratado México-Estados Unidos Canadá (TMEC) tal y como se estableció en el año 2020.

 

Por Agustín Aguilar Jiménez

Internacionalista y profesor universitario

Hace unos días el Secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, anunció que en el mes de mayo iniciarán las conversaciones para la revisión del TMEC.

Independientemente del análisis que presentaremos en posteriores colaboraciones sobre los beneficios, costos y transformaciones que el proceso de integración con Estados Unidos y Canadá ha tenido para nuestro país, el planteamiento en este artículo de opinión es que en este 2026, tal y como sucedió en los dos procesos de negociación anteriores, no solo nos espera un proceso tortuoso de negociación, sino también un escenario plagado de incertidumbre e incluso, como es el caso del proceso que condujo al TMEC, de riesgo de descarrilamiento de la integración comercial norteamericana

En el TMEC que entró en vigor el 1 de julio de 2020, se estableció que a los 6 años tendrían que decidir los gobiernos de los 3 países la renovación del mecanismo de integración comercial, extendiéndolo por 16 años más. En el caso de no ser renovado, el TMEC tendría que ser revisado anualmente por los siguientes 10 años y de persistir la falta de consenso, el Tratado finalizaría en el año 2036.

Aun cuando hasta ahora no han iniciado las negociaciones para renovar el TMEC, desde enero del año 2025, Donald Trump en su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos, ha implementado una política de incremento y amenaza constante del uso de aranceles a la importación con el argumento que los socios comerciales de los Estados Unidos se han aprovechado injustamente de las bondades de la apertura comercial estadounidense. No solo ha cuestionado al libre comercio, sino que también ha presionado a las empresas para que reubiquen sus inversiones en los Estados Unidos con amenazas, precisamente, de mayores aranceles en caso de no hacerlo.

La animadversión al libre comercio, particularmente en América del Norte y la falta de definición sobre la voluntad del gobierno de los Estados Unidos sobre el futuro del TMEC, constituyen el escenario en el que habrán de desarrollarse las negociaciones en los próximos meses. A ello debemos sumar los problemas vinculados al tráfico de drogas, como la aplicación de aranceles a Canadá y México por cuestiones relacionadas con el flujo de fentanilo y sustentadas en lo que consideran son amenazas a su seguridad nacional. Por si fuera poco, ha sido evidente el trato grosero y ofensivo de Trump a los gobiernos de Canadá y de México.

 

Este escenario corre, en la perspectiva de los Estados Unidos, en varios carriles.

Por un lado, en un ámbito doméstico en el que de por si existe una percepción, alimentada por el propio gobierno, de que el desempleo, los bajos salarios y la no mejora en los niveles de bienestar de importantes zonas del país son el resultado del libre comercio, de la injusta política comercial de otros países y de la salida de empresas estadounidenses hacia espacios de producción más competitivos como el de México.  Asimismo, el gobierno de Donald Trump enfrenta una situación de pocos resultados positivos de su política arancelaria y de su política económica al tiempo que parece necesitar recuperar niveles de popularidad de cara a las elecciones de noviembre de este año.

El peor escenario, derivado de las cuestiones domésticas estadounidenses, es que el proceso de integración formal en América del Norte sea sacrificado si ello le garantiza a Trump y a los republicanos mantener su discurso y seguir gobernando a los Estados Unidos. Es poco probable este escenario por los costos que implicaría para las empresas y los consumidores estadounidenses, sin embargo, es posible que Estados Unidos presente fuertes exigencias y solicite cambios favorables a sus intereses en el proceso de negociación del TMEC que le permitan hacer del resultado un triunfo económico y político.

En el caso del plano externo de los Estados Unidos, es evidente que existe una fuerte competencia con China por la primacía económica y el liderazgo tecnológico mundial. La estrategia estadounidense consiste en contener la expansión de China, acotarla particularmente en América Latina y recuperar una posición dominante o hegemónica. Para este propósito es necesario que Estados Unidos cuente con una base productiva y competitiva en América del Norte, aprovechando las complementariedades en los factores productivos y los mercados de los 3 países. Esto podría favorecer la continuidad del proceso de integración norteamericana sin que ello evite un proceso de grandes exigencias para México y Canadá.

El próximo proceso de negociación será complicado. La incertidumbre derivará también de otros contextos como las reverberaciones de lo sucedido en Venezuela, los efectos de la política de Estados Unidos hacia Cuba, los conflictos militares como el de Irán, las debilidades de los mecanismos multilaterales de cooperación, el poco entendimiento reciente entre Estados Unidos y Canadá, el problema de la migración indocumentada y las presiones estadounidenses sobre el gobierno mexicano en la lucha en contra de las ahora denominadas organizaciones terroristas de narcotraficantes. (Continuará)   

 

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