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Janus: El mes del umbral y la doble mirada del tiempo

Por Simón Madrigal

Internacionalista y Analista Político

Enero no es solamente el primer mes del calendario. Es un umbral.

Un punto intermedio —breve, simbólico y profundamente humano— en el que una sociedad, al igual que una persona, se detiene a mirar en dos direcciones: hacia lo que termina y hacia lo que todavía no comienza. Los romanos comprendieron ese territorio de transición y le dieron rostro: Janus, el dios de las puertas, de los comienzos, de los finales y del tiempo que se abre y se repliega sobre sí mismo.

Su metáfora no pertenece únicamente al mundo antiguo.
Hoy dialoga con nuestra vida pública, nuestra memoria colectiva y nuestro porvenir político.

 

Janus: el guardián del paso y de la transición

En la antigua Roma, Janus no era una divinidad ornamentada, sino una figura cívica y simbólica de primer orden. Protector de los cruces, de los pactos y de los tránsitos, se le representaba con dos rostros: uno orientado al pasado y otro al futuro.

Esa duplicidad no implicaba contradicción, sino equilibrio.

Cicerón escribió en De Natura Deorum, que Janus representaba el “movimiento del mundo” y el paso de un estado a otro. El historiador Ovidio, en sus Fastos, describía su voz como la de quien custodia los inicios: “Todo lo que comienza, comienza bajo mi mira.”

De su nombre surgió Ianuarius, el mes de Janus, el tiempo que los romanos dedicaban a reflexionar antes de avanzar. Comprendían que ningún inicio es pleno si niega lo que lo precede, y que todo cierre guarda dentro la semilla un nuevo comienzo.

 

Memoria y porvenir: la ética de la doble mirada

El rostro que mira hacia atrás no encierra nostalgia, sino memoria; los errores que costaron vidas y confianza, las crisis sociales que aún dejan eco, las heridas que no conviene olvidar y las lecciones que no deben repetirse.

La otra mirada no idealiza el porvenir; propone responsabilidad; proyectos aún posibles, reformas éticas pendientes, reconstrucción institucional y participación ciudadana de largo aliento

San Agustín escribió que el tiempo vive en la conciencia humana como memoria del pasado, atención del presente y expectativa del futuro. Janus encarna ese triángulo existencial: no nos invita a elegir una mirada sobre la otra, sino a sostener ambas con madurez.

Mirar el pasado no es resignarse. Mirar el futuro no es evadirse.
Es comprender que toda transformación exige memoria y propósito.

 

El inicio del año como ejercicio cívico

En México —y en Jalisco en particular— el cambio de año suele acompañarse de cifras, balances, proyecciones y diagnósticos públicos. Pero más allá de los indicadores, lo decisivo es desde dónde los observamos.

Un país que mira únicamente hacia atrás corre el riesgo de vivir anclado en la herida.
Un país que mira solo hacia adelante corre el riesgo de repetir sus errores.

Janus nos recuerda dos verdades sencillas y exigentes:

  • nada que no se nombra puede corregirse
  • nada que no se proyecta puede construirse

El inicio del año deja entonces de ser un trámite de calendario y se convierte en una oportunidad de introspección pública, de reposicionamiento ético e institucional.

Lo que aún podemos construir: el futuro como vocación

La otra mirada, la que se orienta al porvenir, nos recuerda que; el tejido social resiste incluso en el desgaste, nuevas generaciones exigen participación, la vocación productiva y cultural de Jalisco permanece viva y la ciudadanía aún sostiene un horizonte común.

El futuro no llega por inercia. Se construye con acuerdos, con memoria, con responsabilidad histórica.

Como escribió Marco Aurelio en sus Meditaciones: “El futuro no nos pertenece, pero nuestras decisiones sí.”Y es en esa pequeña frontera —entre lo que no controlamos y lo que sí elegimos— donde la esperanza encuentra forma.

 

Janus y la vida pública

Para la esfera política, la metáfora de Janus deja una advertencia clara: gobernar sin memoria conduce a la repetición;
gobernar sin visión conduce al estancamiento.

Toda política responsable exige:

  • conciencia del costo social acumulado
  • capacidad de corregir errores
  • ética institucional
  • proyecto de largo plazo

No para borrar el pasado, sino para no repetirlo.

 

El país frente al umbral

Enero es esa puerta entreabierta donde convivimos con nuestras sombras y nuestras posibilidades. Somos, como Janus, una nación con dos rostros: uno que guarda sus cicatrices con lucidez, y otro que insiste en mirar al horizonte sin ingenuidad, pero con esperanza.

Que el nuevo año no nos encuentre negando lo que duele, pero tampoco renunciando a lo que aún puede florecer. Porque avanzar no significa olvidar: significa aprender, agradecer lo que permanece y caminar con propósito hacia lo que viene.

Y quizá, como los antiguos romanos intuían, la verdadera sabiduría del inicio no reside en el calendario, sino en la capacidad de mirar el pasado con dignidad y el futuro con responsabilidad.

 

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